martes, 20 de diciembre de 2016

Musgos, algo más que un adorno navideño


LA MATACARA
Nº 15 - Invierno 2015

Un seco y caluroso verano, que se ha prolongado casi un mes más de lo que dictan las estaciones, ha dado paso a un otoño también seco y más cálido de lo normal.

El cielo limpio y una brisa agradable me acompañan en mi ascenso. El camino de Carrantigua, se dibuja recto entre viñedos y desnudas tierras de cultivo. Nace en polvoriento suelo, y se torna en húmeda senda que me llevará a coronar el ala este del Pico Cuadro.

Nada nos induce a pensar, salvo el tozudo calendario, que estamos con el otoño ya bien entrado. Senecios y gordolobos florecen estimulados por las altas temperaturas que se resisten a desaparecer, a pesar de estar ya en noviembre. Me sorprende el intenso naranja del Colias sobrevolando las perseverantes flores, pues esta mariposa, tras su cuarta generación, debería estar invernando desde el mes de octubre. Lejos de disfrutar del inusual buen tiempo y de las manifestaciones de la vida que se extienden atípicamente más allá de sus ciclos naturales, me invade un gran desasosiego, una profunda angustia. Intuyo que algo va mal, que el cambio climático de origen humano (ya prácticamente no cuestionado por nadie) se pone de manifiesto en los hechos de cada día: disminución de las precipitaciones, que cada vez son menos y más espaciadas, y aumento de las temperaturas. A su vez, estos factores climáticos alteran los ritmos naturales que armonizan la flora y la fauna provocando desajustes que ponen en peligro la continuidad de numerosas especies. Especies que son necesarias para mantener los ecosistemas de la Tierra.

El compacto y seco camino se estrecha y transforma en afilado sendero. Serpea ascendiendo, tapizado de esponjosos musgos y verdes gramíneas. Un manto de vida, acompaña a la senda trepando a su lado, cubriendo cada grano de tierra. Diversas especies de musgo han colonizado un suelo antes estéril y seco en oasis de agua y fertilidad que da cobijo a hongos, líquenes, insectos y a sus hermanas las plantas con flor. Contemplo absorto los musgos que escalan los húmedos árboles y las abruptas rocas calizas transformadas en verde algodón.

Atajo mi ahora plácida excursión por una apenas dibujada trocha que se bifurca desde mi vereda. Por almohada de polícromos verdes asciendo al pedregoso páramo. Aquí la fragmentada piedra también hace gala de rojos y negros musgos que con sus colores protegen la clorofila de estas plantas del intenso sol.

Descansa mi mirada en el relajante y bello paisaje… pienso en su desconocido protagonista, el humilde y a la vez fascinante musgo. Son decenas de especies las que podemos encontrar cohabitando con nosotros en Quintanilla, de este numeroso grupo de plantas que llamamos musgos. Algunas como el Sphagnum [esponja] palustre es capaz de almacenar 30 veces su peso en seco de agua. Otros tienen propiedades medicinales antibióticas, anticancerígenas, antiinflamatorias, etc. Otros muchos son importantes en investigación científica, dado que poseen propiedades tan especiales como la de resistir la desecación o una gran capacidad de recombinación genética como la del musgo Physcomitralla. Su estudio puede suponer un gran avance para la ciencia, cada vez más rentable económicamente e importante para nuestra supervivencia. De lo que no cabe duda es de que todas y cada una de las especies de musgos cumplen una función vital en nuestro pueblo y en nuestro planeta. Son los colonizadores de los suelos desertizados e incluso incendiados, creando o recuperando su fertilidad. Absorben gran cantidad de agua regulando el flujo de ésta en los periodos de lluvia. Evitan la erosión y la pérdida de la riqueza mineral de los suelos, ya que estos quedan atrapados en su organismo para posteriormente pasar al suelo. Nitrifican a éstos a través de la simbiosis que realizan con cianobacterias y hongos fijadores de nitrógeno. Tiene la mayor eficiencia fotosintética de todas las plantas en los ecosistemas húmedos y sombríos. Contribuye a generar una gran biodiversidad, pues su entorno es ideal para la germinación de semillas y para el desarrollo de cualquier ser vivo.


Todo esto es posible ya que los musgos, junto con las hepáticas y antoceros, fueron las primeras plantas que hace casi 500 millones de años colonizaron la tierra firme. Ayudados de hongos y bacterias mutualistas sin las cuales esto no hubiera sido posible. De los musgos y plantas afines derivaron todas las plantas que pueblan el paneta

No podemos olvidar su función como bioindicadores de la contaminación, y, a su vez, el efecto descontaminante que poseen los musgos tanto en el agua, el aire o la tierra. La importancia de los musgos es fundamental en la lucha del cambio climático. Su enorme potencial de fotosíntesis, realiza una importante fijación de carbono. Su control hídrico es básico para paliar los periodos de sequía. Y al evitar la erosión y crear nuevo suelo acelera la regeneración del bosque, frenando el calentamiento global.

Son muchas las amenazas que se ciernen sobre el imprescindible musgo: deforestación, calentamiento global y utilización en decoración de belenes. Toda la generosidad y sabiduría que el musgo entrega a nuestro planeta es pagada por nosotros, los humanos «sabios», con la estupidez propia de nuestra «inteligencia». Arrancamos de la tierra al indefenso y útil musgo. Con él decoramos belenes de nuestra sagrada fiesta navideña. El impacto a nivel mundial de la utilización de musgo para nacimientos es enorme. Cientos de especies de musgos están amenazadas de extinción. La legislación española lo prohíbe, pero más allá de la prohibición está la concienciación. Seamos coherentes, la Navidad es nacimiento y vida. Sin duda la hermosa y creativa tradición de los belenes, nunca debería atentar contra la vida.

FERNANDO BENITO