martes, 1 de mayo de 2012

'We are a family'

Por VANESSA BAIRD

«Hay niños que se niegan a sentarse conmigo durante la comida.
Me llaman fea. Algunos se levantan justo delante de mis narices y
me llaman marica porque hablo en contra de la homofobia. Pero
intento mantener la cabeza alta porque sé de muchos otros niños
que tienen padres gays pero no se sienten seguros para salir del armario
(...) Quiero llevar mi arco iris para que sepan que hay alguien más ahí fuera.»
Sol Kelley-Jones, «portavoz infantil» de los derechos gays, quien a la edad
de diez años declaró ante el Comité Legislativo de Wisconsin en relación a
una ley para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Sus
madres son lesbianas que llevan juntas veinte años y no entendía por qué su
familia no debería tener los mismos derechos que la de cualquier otro niño.


La idea de que las personas lesbianas o gays o transgénero puedan disfrutar de los mismos derechos que las personas heterosexuales es considerada a menudo una amenaza para «la familia», algo que puede incluso destruirla.

Los comentaristas anti-gays, sean periodistas, dirigentes religiosos o políticos, deslizan casi indefectiblemente la emotiva palabra que comienza con «F» en sus argumentos. En los Estados Unidos los grupos dedicados a agitar la guerra contra la «agenda homosexual» han adoptado nombres como Foco en la Familia y Consejo de Investigación sobre la Familia. Estos grupos creen que la humanidad existe para reproducirse, que ese es el propósito fundamental del sexo. Afirman que la unidad natural para la reproducción es la familia nuclear heterosexual. La homosexualidad no produce niños. Desde su punto de vista es, por tanto, antinatural y una amenaza para la familia natural. Sostienen que la familia gay corroe los cimientos de la familia y de los valores familiares y son por tanto enemigos de «La Familia».

Lo que se escapa a este tipo de pensamiento es que las personas LGBT tienen también familias. Son la hija o el hijo o el tío o la tía o el sobrino o la sobrina o el primo de alguien. Y también pueden ser los padres o abuelos de alguien.

Hay muchos padres y madres lesbianas, gays o transgénero en el mundo hoy en día. A medida que los prejuicios se erosionan en algunas partes del mundo, y las leyes se vuelven menos discriminatorias, es probable que haya muchos más en el futuro. En Gran Bretaña, Australia, Holanda, España y Canadá las parejas del mismo sexo pueden criar y adoptar niños. Las actitudes más abiertas de mente en relación con la custodia, los derechos de los padres no biológicos y el acceso a los servicios de donación de semen han hecho en el transcurso de unos pocos años más fácil a las personas LGBT ser, o querer ser, padres y madres. En otras partes del mundo la realidad está muy lejos todavía de todo esto.

«Me convertiría en un demonio a sus ojos»

Tendai vivió con su marido e hijos en casa de sus padres en Zimbabue durante cinco años. Después de un tiempo se dio cuenta de que le atraían las mujeres y no podía fingir por más tiempo. A través de un amigo en Sudáfrica se enteró de la existencia de GALZ, una organización de gays y lesbianas en Zimbabue. Se hizo miembro y comenzó a recibir la revista trimestral de la organización. Su padre encontró las revistas, comenzó a sospechar y presionó a Tendai hasta que reconoció que era «uno de ellos». La echaron de su familia inmediatamente y le dijeron que no volviera jamás. Sus hijos tuvieron que quedarse con su padre y durante los tres años siguientes se negó a Tendai cualquier contacto con ellos. «¡Fue tan doloroso!» —dice—. «Pero no puedo cambiar».

Para Irena, una lesbiana rusa, la familia y el Estado conspiraron para romper el vínculo con su hijo. Esto a pesar de que, de hecho, la homosexualidad no es ilegal en Rusia:

«En 1995 a Irena (...) sus hermanas le ordenaron que les entregara la custodia de su hijo y que se sometiera a tratamiento psiquiátrico para "curarla" de su homosexualidad. Su madre amenazó con revelar la orientación sexual de Irena a las autoridades a menos que aceptara. Sus padres contrataron a dos detectives privados. Los detectives intentaron chantajearla afirmando que tenían un vídeo en el que Irena y su pareja mantenían relaciones sexuales. Cuando ésta acudió a la policía para quejarse, el oficial respondió acosándolas sexualmente. Los detectives privados la secuestraron a punta de navaja y la violaron. No lo denunció a la policía por su experiencia previa con ellos».

Irena consiguió asilo finalmente en los Estados Unidos.

Los miedos recurrentes para los padres y madres LGBT, sobre todo para las lesbianas, es que puedan perder a sus hijos, ser expulsados de la familia o de la comunidad y convertirse en indigentes por ello. Su mejor estrategia es a menudo guardar silencio. Ming, que vive en China, oculta su relación con su vecina casada:

«¡No hay lesbianas aquí! ¿Cómo se puede ser lesbiana en este país? Me casé hace diez años cuando tenía 26 años; ahora tengo un hijo de nueve años. ¿Qué puedo hacer? Si "salgo del armario" con mi marido y mis padres, me convertiría en un demonio a sus ojos, no tanto por mi tongxinglian (homosexualidad) como por fallar en mi obligación y responsabilidad como esposa, hija y madre».

Padres y madres adecuados

Los que se oponen a la igualdad de los gays a menudo sostienen que las personas LGBT son «inadecuadas» y que los niños sufrirán daños por la experiencia de ser criados por ellos. A las lesbianas se las acusa a menudo de ser demasiado inestables; a los hombres gays, de ser demasiado promiscuos. Se afirma que los hijos de lesbianas y gays se sentirán confusos en su identidad y en su papel de género. Serán «corrompidos» para volverse también homosexuales. Serán rechazados por la sociedad e incapaces de establecer relaciones sociales normales.

Pero numerosos estudios científicos, principalmente en Estados Unidos y Gran Bretaña, han seguido casos desde la infancia a la edad adulta y no aportan pruebas que sustenten estas afirmaciones. De hecho, encuentran que los hijos de lesbianas y gays crecían de forma bastante parecida a sus homólogos en hogares heterosexuales. Una diferencia era que los hijos en hogares no heterosexuales tendían a estar más abiertos a las posibilidades de distintos tipos de relaciones. A pesar de ello, no tenían más probabilidades de ser homosexuales que el resto de la población en su conjunto.

El problema principal al que se enfrentan los hijos de padres y madres LGBT son las actitudes de prejuicio dentro de la sociedad. Kate Mariat relata este diálogo con su hija de once años:

«Mi hija no podía asociarme, ni a otras lesbianas que había conocido y que le habían caído bien, con el odio y el rechazo hacia las lesbianas que encontraba en la escuela y en los juegos. Recuerdo una conversación peculiar con ella cuando estaba en su primer año de la escuela secundaria. Vino a casa después de jugar y me encontró en el piso de arriba ordenando la ropa.

—No me gustan las lesbianas.
—Yo soy una lesbiana.
—No me gustan las lesbianas.
—Pero te caen bien... [nombré a varias amigas].
—Sí —calló un momento—. No me gustan las lesbianas.

Y volvió a salir a jugar. Cuando leyó este párrafo discutimos si debería incluirlo o no. Aunque somos sensibles a ello, ilustra un punto importante. No era que no le gustaran las lesbianas, lo que sucedía era que lo que ¡as otras personas pensaban de las lesbianas te hacía sentirse mal».


Sin embargo, «lo que las otras personas piensan» puede cambiar y puede cambiarse. Esta chica británica de catorce años tiene una situación familiar inusual y sin embargo encuentra apoyo en la política que ha adoptado su escuela:

«En realidad tengo tres mamás, pero vivo entre dos hogares. Hay muchas ventajas, porque significa que tengo un espectro más amplio de vida, y citando discuto, puedo hablarlo con cualquiera de mis otras mamás. Es agradable vivir con lesbianas porque implica que te acostumbras a tomar decisiones acerca de tu propia identidad. A todos mis amigos les gustan mis mamás, y en la escuela tenemos una política de igualdad de oportunidades para las familias diferentes, así que no hay bromas o nada parecido. El único inconveniente de vivir entre dos hogares es que a veces me olvido cosas...».

En Occidente una generación —si no más— de niños ha sido educada por familias diferentes, abriendo un nuevo camino hacia delante, tan lleno de amor y apto para la educación como el modelo más tradicional. Hasta hace poco el centro de atención ha estado principalmente en las madres lesbianas. Pero el deseo de las parejas masculinas de convertirse en padres es cada vez más frecuente. A veces las parejas lesbianas y gays se juntan para criar a los hijos, es más fácil en lugares con una comunidad grande de lesbianas y gays. Pero hay otras formas. En un caso que tuvo mucha publicidad en 1999, la pareja gay formada por Barrie Drewitt y Tony Barlow tuvo gemelos merced a un acuerdo con una madre de alquiler en los Estados Unidos y ganó una histórica batalla legal para conservar a sus hijos.

En diciembre de 1999 el Tribunal y la Comisión de Derechos Humanos Europeos sentenciaron que Portugal había incumplido el artículo 8 —derecho a la privacidad— en el caso de un hombre portugués que había perdido la custodia de su hijo por motivo de su homosexualidad y se le permitía el acceso sólo con la condición de que ocultara su orientación. Ésta fue una victoria significativa al conseguir que el Tribunal Europeo reconociera al fin los derechos de las familias lesbianas y gays. Pero para miles de personas que viven en países donde la homosexualidad es todavía un delito, o donde las actitudes sociales son violentamente hostiles, tales familias parecen un sueño lejano.


Kylie Ahlers, de trece años, escribe una carta al presidente del senado del estado de Massachussets, Robert Travaglini. Ella y otros hijos de padres gays y madres lesbianas
se unieron a una protesta de defensores del matrimonio entre personas del mismo sexo
en el Parlamento de Massachusetts (febrero de 2004). Kylie vive con su madre y la compañera lesbiana de su madre, que dicen que se casarán por el bien de Kylie tan
pronto como se permita a las parejas del mismo sexo casarse legalmente en el estado. El senador presidente Travaglini se negó a recibir a los niños o a sus padres y madres.

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